viernes, octubre 16, 2009

El lado humano



No todo es blanco, no todo es negro. La vida tiene matices. La semana pasada me enfoqué en la necesidad de quitar frenos a la industria energética de este país para pasar a una etapa -necesaria, por cierto- de creación de tecnología para generar energías renovables y mucho menos contaminantes que las actuales; pero también, debo decirlo, es importante considerar el lado humano de la desaparición de Luz y Fuerza del Centro.

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¡Goooool! ¡Qué golazo, cabrón! A huevo. ¿Quieres otra cerveza? Échamela, compadre. Te la voy a dar pero te tienes que quitar ese bigotito de joto. Cuál bigote de joto, está chido. ¡Gooooool! No chingues ya ganamos, cabrón. ¿Otra cerveza? Échamela. ¿A poco ya se acabó? Ahora sí jugaron bien estos güeyes. ¿Otra cerveza? No, ya me tengo que ir, compadre.

Gabriel se fue a su casa. Lo esperaban su esposa y su niña de un año ocho meses. ¿Quieres cenar? No quería, la cerveza lo había atontado de más. Siguió viendo la televisión un rato y luego se fue a dormir. En el pueblo donde vive, en el estado de México, todas las noches son tranquilas, casi nunca pasa nada, pero el domingo casi siempre trae noticias de algún vecino. El chisme corre rápido.

Gabriel despertó y no tenía cruda, qué bueno. El teléfono de casa sonó, eran las 10 de la mañana. ¿Cómo? ¿Por qué? No estés jugando. Su esposa se preocupó al escuchar a Gabriel incrédulo. Qué pasó. No pues mi compadre no sabe bien, pero dice que le acaban de avisar que van a cerrar la compañía. Cómo que la van a cerrar. Sí, pues que nos van a correr a todos, que ya no hay trabajo. Por qué. Quién. Cómo. La mañana se les fue en preguntas que no podían responderse, por lo que Gabriel salió a ver a sus colegas. Muchos de los habitantes del pueblo trabajan en Luz y Fuerza, me dice.

Se reunió con varios trabajadores de LyFC, llamaron por teléfono a muchos conocidos para que les informaran qué iba a pasar con su trabajo. Nada, que nos van a correr, a todos. Y Gabriel se entristeció, qué voy a hacer, se preguntó. Regresó a su casa y le mintió a su esposa. Que mañana lunes vamos a ir a ver qué pasa, no pueden despedirnos a todos. Su hija jugaba con algo, no sabe qué, la televisión estaba encendida, pero nada de noticias. Le llegó un mensaje al celular y de la tristeza pasó al susto. ¿Qué decía? “Te quedaste sin trabajo, ahora te vamos a desaparecer a ti y a tu familia”. Le hablé a mi compadre y planeamos intercambiar casas con gente que no trabajara en Luz y Fuerza, así no nos encontrarían, pero al final no lo hicimos. Le mandaron ese tipo de mensajes a muchos de nosotros, platica Gabriel. ¿Los quieren desgastar psicológicamente? Claro, quieren que nos dé miedo y vayamos a cobrar la liquidación, así ya no hay forma de recuperar el trabajo. ¿Tu esposa vio el mensaje? Sí. ¿Qué te dijo? Dios nos va a ayudar, vas a ver, lo animó ella. Eso espero, replicó él.

Pero Dios no apareció. Al día siguiente otra vez Gabriel regresó a su casa con la cabeza baja. Qué les dijeron, preguntó su esposa. Pues que sí nos van a correr a todos, el gobierno puso policías en Luz y Fuerza y no dejan entrar a nadie. ¿Qué vamos a hacer? No sé. Pues algo tenemos que hacer, eso no puede ser, no pueden correr a todos. Pues parece que ya lo hicieron. Y lloraron por dentro.

Los dos días siguientes fueron jornadas de trabajo normales, nada más que esta vez la actividad, en lugar de darle mantenimiento a cables de luz, era encontrarse con sus compañeros para saber qué iban a hacer para defenderse y recuperar su trabajo. El jueves 15 vamos a marchar en el DF, del Ángel al Zócalo, le dijeron. Yo estoy puesto, todos estamos puestos. Tienen que ir todos. Sí. Que vean contra qué se están enfrentando. Sí. Vamos a defender nuestro trabajo. Sí.

Y aquí estoy, me dice sin mirarme a los ojos. ¿Y ahora qué van a hacer en tu casa? ¿Tienen forma de resolver lo de la comida mientras dura esto? Pues afortunadamente mi esposa trabaja, en una estética, pero pues también está difícil porque le están llegando uno o dos clientes al día. “Aplaudan aplaudan no dejen de aplaudir, el pinche gobierno se tiene que morir”, pasa cantando uno de los contingentes junto a la tortería en la que estamos. ¿Y es cierto que ganaban muy bien ahí en Luz y Fuerza? No, puras mentiras; yo por ejemplo, ganaba –duda un segundo pero sigue- mil 800 pesos a la semana.

Eso sí es cierto, los equipos eran muy viejos, trabajábamos con lo que había porque el gobierno no le quería invertir. “Si no hay solución, habrá revolución”, se escucha afuera. ¿Es cierto que estaban en un proceso de modernización de la empresa? Pues hay planes, pero, te digo, el gobierno no quería meterle nada a eso.

Ya en el mitin, Gabriel busca a sus amigos, camino a su lado. Esto debería estar lleno de libros y escritores, pienso. Pero qué dices, me corrijo, esta es literatura en tiempo real, son historias que merecen la pena escucharse, vivirse. “Vamos a hacer un referendo nacional”, me atrae una voz conocida, es Porfirio Muñoz Ledo que inunda el Zócalo con la ayuda de unas bocinas que hacen zumbar los oídos, “para preguntarle a la gente quién se queda y quién se va. Y el resultado es que ¡el SME se queda y Calderón se va!”. Sólo de imaginar tal escenario, Gabriel y los manifestantes estallan en júbilo, agitan los puños en el aire y gritan “¡fuera! ¡fuera! ¡fuera!”.

Del lado derecho del templete hay una pancarta con una propuesta interesante: “Que le quiten la (pensión) vitalicia a los ex Presidentes y se la den a los pobres”, haciendo alusión a la promesa del gobierno federal de darle a los más necesitados lo que se ahorren con la desaparición de LyFC. Claudia Sheinbaum dirige su discurso en sentido similar: si los funcionarios del gobierno federal, de Director de Área para arriba, se bajaran el sueldo a la mitad, de ahí saldrían los 45 mil millones de pesos que se necesitan para Luz y Fuerza. “Señora, Hinojosa, por qué parió esa cosa”, gritan algunos, festivos.

Poco antes de perderse le pregunto a Gabriel: ¿Y van a aguantar? Sí, yo sí. ¿Tú sabes de alguien que ya haya cobrado su indemnización? Sí, pero son unos poquitos, la mayoría de los que se han ido a formar nomás han ido a preguntar cuánto les tocaría. Y los que ya se rindieron ¿por qué no aguantaron? La necesidad es cabrona, me dice. Y mientras Gabriel se aleja dándome la espalda pienso en los otros miles y miles de personas que desbordan el centro del Distrito Federal en ese instante. Todos ellos están en una situación similar a la de él. Y entonces comprendo: siempre lo más importante es el lado humano.


Fotos de Válek Rendón, tomadas el 15 de octubre de 2009, de las 4 a las 9 pm, durante la marcha del Sindicato Mexicano de Electricistas del Ángel de la Independencia al Zócalo de la ciudad de México.

3 comentarios:

  1. ¿El lado humano de los 44,000 trabajadores o el de los "nunca-sabremos-cuántos" que no pudieron encontrar empleo porque el servicio de LyFC impedía la inversión productiva? Tienes razón. No todo es blanco y negro. Por eso deberíamos concentrarnos en el debate de políticas públicas en lugar del chantaje emocional.

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  2. Saludos Valek, esa es una parte de la tragedia nacional, la otra parte la conforman los imbéciles que creen en el libre mercado y que por eso sólo los tontos no "llegan a la abundancia"; sin emabargo que tristeza que en ese lado de los imbéciles están los "gandallas" que harán el gran negocio de la energía....chin...no estamos allí.

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  3. El ejercicio periodístico es, la mayor de las veces, confrontación de opiniones. Es grato leer sobre un tema que trastoca todos los ámbitos del país sin cortapisas ni miramientos. Las opiniones encontradas, consecuencia de tus líneas, saben más a desesperación que a análisis de fondo. La pasión con la que la gente se enfrenta a los hechos humanistas, no les permite comprender que el humanismo también tiene su lado negativo, y hasta oscuro diría yo.

    Y es que sí, Valek, la vida tiene matices.

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