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jueves, enero 07, 2010

Dejando la almohada

Tengo un amigo al que alguna vez le leí que todas las revoluciones empiezan en la almohada. Y no le creí. Hasta hoy, que veo con gusto que entre la sociedad mexicana empieza a cuajar una lucha contra un gobierno ciego ante los intereses de la mayoría de los mexicanos.

En Facebook, miles de mexicanos se agrupan para exigir la renuncia del Presidente que no ha hecho lo suficiente para contrarrestar los efectos de la recesión global –la economía china crecerá nueve por ciento este año, la brasileña cinco, mientras que la mexicana seguirá en su ya favorito tres por ciento luego de decrecer siete por ciento en 2009-; piden que se vaya quien ha llevado a la imagen de México en el exterior a su peor nivel en décadas. Pero quizá lo más importante es que la suma de sus acciones han producido una descomposición social en el país de la que tardaremos bastante tiempo en recuperarnos. En este grupo no hay banderas –aunque no faltan los oportunistas-. Es, simplemente, una iniciativa de ciudadanos expresando su voluntad.

Ya hace algunos años me había convencido de que las revoluciones en el México de la época que me tocó vivir no se darían por la vía armada, pero tampoco pude vislumbrar cómo serían esas guerras férreas en las que grupos vastos de individuos se vuelven uno para alcanzar el éxito compartido. Ahora lo sé. La respuesta está en los lazos virtuales que, aunque poco perceptibles en primera instancia, pueden lograr que se tumbe el impuesto especial a Internet que intentaron poner los legisladores hace unos meses, y pueden impulsar una denuncia oficial sobre un irresponsable homofóbico que tiene un micrófono y una cámara enfrente, sólo por mencionar dos ejemplos recientes.

Los nuevos revolucionarios están cansados. Cansados de que sus dirigentes no se cansen de errar en cada decisión que toman. Cansados de un gobierno indiferente e irracional que responde a balazos en lugar de educar a su gente.

Se propusieron juntar un millón de mexicanos en treinta días, hasta el momento, a catorce días de que venza el plazo, han reunido 90 mil adeptos. Quizá el medio no es el mejor -Facebook no aloja ni la quinta parte de quienes desean que Calderón renuncie-, pero, por el momento, sí es el canal de mayor alcance donde es posible expresar esta voluntad.

Es cierto, juntar un millón de voces no es fácil. Pero el primer paso está dado. La revolución ya dejó la almohada.



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Imagen tomada de A que en 30 días juntamos 1,000,000 que quiere que renuncie Calderón.

viernes, octubre 16, 2009

El lado humano



No todo es blanco, no todo es negro. La vida tiene matices. La semana pasada me enfoqué en la necesidad de quitar frenos a la industria energética de este país para pasar a una etapa -necesaria, por cierto- de creación de tecnología para generar energías renovables y mucho menos contaminantes que las actuales; pero también, debo decirlo, es importante considerar el lado humano de la desaparición de Luz y Fuerza del Centro.

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¡Goooool! ¡Qué golazo, cabrón! A huevo. ¿Quieres otra cerveza? Échamela, compadre. Te la voy a dar pero te tienes que quitar ese bigotito de joto. Cuál bigote de joto, está chido. ¡Gooooool! No chingues ya ganamos, cabrón. ¿Otra cerveza? Échamela. ¿A poco ya se acabó? Ahora sí jugaron bien estos güeyes. ¿Otra cerveza? No, ya me tengo que ir, compadre.

Gabriel se fue a su casa. Lo esperaban su esposa y su niña de un año ocho meses. ¿Quieres cenar? No quería, la cerveza lo había atontado de más. Siguió viendo la televisión un rato y luego se fue a dormir. En el pueblo donde vive, en el estado de México, todas las noches son tranquilas, casi nunca pasa nada, pero el domingo casi siempre trae noticias de algún vecino. El chisme corre rápido.

Gabriel despertó y no tenía cruda, qué bueno. El teléfono de casa sonó, eran las 10 de la mañana. ¿Cómo? ¿Por qué? No estés jugando. Su esposa se preocupó al escuchar a Gabriel incrédulo. Qué pasó. No pues mi compadre no sabe bien, pero dice que le acaban de avisar que van a cerrar la compañía. Cómo que la van a cerrar. Sí, pues que nos van a correr a todos, que ya no hay trabajo. Por qué. Quién. Cómo. La mañana se les fue en preguntas que no podían responderse, por lo que Gabriel salió a ver a sus colegas. Muchos de los habitantes del pueblo trabajan en Luz y Fuerza, me dice.

Se reunió con varios trabajadores de LyFC, llamaron por teléfono a muchos conocidos para que les informaran qué iba a pasar con su trabajo. Nada, que nos van a correr, a todos. Y Gabriel se entristeció, qué voy a hacer, se preguntó. Regresó a su casa y le mintió a su esposa. Que mañana lunes vamos a ir a ver qué pasa, no pueden despedirnos a todos. Su hija jugaba con algo, no sabe qué, la televisión estaba encendida, pero nada de noticias. Le llegó un mensaje al celular y de la tristeza pasó al susto. ¿Qué decía? “Te quedaste sin trabajo, ahora te vamos a desaparecer a ti y a tu familia”. Le hablé a mi compadre y planeamos intercambiar casas con gente que no trabajara en Luz y Fuerza, así no nos encontrarían, pero al final no lo hicimos. Le mandaron ese tipo de mensajes a muchos de nosotros, platica Gabriel. ¿Los quieren desgastar psicológicamente? Claro, quieren que nos dé miedo y vayamos a cobrar la liquidación, así ya no hay forma de recuperar el trabajo. ¿Tu esposa vio el mensaje? Sí. ¿Qué te dijo? Dios nos va a ayudar, vas a ver, lo animó ella. Eso espero, replicó él.

Pero Dios no apareció. Al día siguiente otra vez Gabriel regresó a su casa con la cabeza baja. Qué les dijeron, preguntó su esposa. Pues que sí nos van a correr a todos, el gobierno puso policías en Luz y Fuerza y no dejan entrar a nadie. ¿Qué vamos a hacer? No sé. Pues algo tenemos que hacer, eso no puede ser, no pueden correr a todos. Pues parece que ya lo hicieron. Y lloraron por dentro.

Los dos días siguientes fueron jornadas de trabajo normales, nada más que esta vez la actividad, en lugar de darle mantenimiento a cables de luz, era encontrarse con sus compañeros para saber qué iban a hacer para defenderse y recuperar su trabajo. El jueves 15 vamos a marchar en el DF, del Ángel al Zócalo, le dijeron. Yo estoy puesto, todos estamos puestos. Tienen que ir todos. Sí. Que vean contra qué se están enfrentando. Sí. Vamos a defender nuestro trabajo. Sí.

Y aquí estoy, me dice sin mirarme a los ojos. ¿Y ahora qué van a hacer en tu casa? ¿Tienen forma de resolver lo de la comida mientras dura esto? Pues afortunadamente mi esposa trabaja, en una estética, pero pues también está difícil porque le están llegando uno o dos clientes al día. “Aplaudan aplaudan no dejen de aplaudir, el pinche gobierno se tiene que morir”, pasa cantando uno de los contingentes junto a la tortería en la que estamos. ¿Y es cierto que ganaban muy bien ahí en Luz y Fuerza? No, puras mentiras; yo por ejemplo, ganaba –duda un segundo pero sigue- mil 800 pesos a la semana.

Eso sí es cierto, los equipos eran muy viejos, trabajábamos con lo que había porque el gobierno no le quería invertir. “Si no hay solución, habrá revolución”, se escucha afuera. ¿Es cierto que estaban en un proceso de modernización de la empresa? Pues hay planes, pero, te digo, el gobierno no quería meterle nada a eso.

Ya en el mitin, Gabriel busca a sus amigos, camino a su lado. Esto debería estar lleno de libros y escritores, pienso. Pero qué dices, me corrijo, esta es literatura en tiempo real, son historias que merecen la pena escucharse, vivirse. “Vamos a hacer un referendo nacional”, me atrae una voz conocida, es Porfirio Muñoz Ledo que inunda el Zócalo con la ayuda de unas bocinas que hacen zumbar los oídos, “para preguntarle a la gente quién se queda y quién se va. Y el resultado es que ¡el SME se queda y Calderón se va!”. Sólo de imaginar tal escenario, Gabriel y los manifestantes estallan en júbilo, agitan los puños en el aire y gritan “¡fuera! ¡fuera! ¡fuera!”.

Del lado derecho del templete hay una pancarta con una propuesta interesante: “Que le quiten la (pensión) vitalicia a los ex Presidentes y se la den a los pobres”, haciendo alusión a la promesa del gobierno federal de darle a los más necesitados lo que se ahorren con la desaparición de LyFC. Claudia Sheinbaum dirige su discurso en sentido similar: si los funcionarios del gobierno federal, de Director de Área para arriba, se bajaran el sueldo a la mitad, de ahí saldrían los 45 mil millones de pesos que se necesitan para Luz y Fuerza. “Señora, Hinojosa, por qué parió esa cosa”, gritan algunos, festivos.

Poco antes de perderse le pregunto a Gabriel: ¿Y van a aguantar? Sí, yo sí. ¿Tú sabes de alguien que ya haya cobrado su indemnización? Sí, pero son unos poquitos, la mayoría de los que se han ido a formar nomás han ido a preguntar cuánto les tocaría. Y los que ya se rindieron ¿por qué no aguantaron? La necesidad es cabrona, me dice. Y mientras Gabriel se aleja dándome la espalda pienso en los otros miles y miles de personas que desbordan el centro del Distrito Federal en ese instante. Todos ellos están en una situación similar a la de él. Y entonces comprendo: siempre lo más importante es el lado humano.


Fotos de Válek Rendón, tomadas el 15 de octubre de 2009, de las 4 a las 9 pm, durante la marcha del Sindicato Mexicano de Electricistas del Ángel de la Independencia al Zócalo de la ciudad de México.

jueves, mayo 14, 2009

No generalizo

"No generalices", me mandaron decir con la computadora algunos lectores del artículo Quizá nos lo merecemos... De acuerdo. Generalizar siempre es un negocio riesgoso, no se puede profundizar sobre una realidad social con argumentos atribuibles sólo a ciertos sectores, numerosos, sí, pero no alcanzan a toda la sociedad mexicana. Me disculpo por ello, aunque debo decir también que, al mismo tiempo, generalizar ayuda a observar un problema desde lejos, luego viene el desglose de los detalles. Como en la medicina, la producción de medicamentos se hace de forma general porque hay patrones de conducta celular predominantes, muy a pesar de la relativa individualidad de cada ser humano, ya después a cada quien se le receta lo que necesita.

Pero tienen razón, esta vez no generalizo y me concentro en un enunciado incluido en el mismo artículo: "Generamos personas que están en la política para hacerse millonarios, no para servir al país". Hace tres meses se difundió una grabación en la que Luis Téllez -nuestro ingenuo ex secretario de Comunicaciones y Transportes y ahora presidente de la Bolsa Mexicana de Valores- declaraba con la mano en la cintura que Carlos Salinas de Gortari se había robado la mitad de lo que llaman "la partida secreta", es decir, se guardó para sí millones de pesos que se ponen a disposición del Presidente de México para gastos políticos. Además del habitante de Los Pinos en turno, se supone que nadie debe saber a dónde va a parar ese dinero extraído de los impuestos que aportan los mexicanos.

A Luis Téllez lo corrieron del gobierno federal por esa y otras declaraciones, pero esta semana Miguel de la Madrid, presidente del país de 1982 a 1988, confirmó que Carlos Salinas sí se robó parte del dinero secreto más conocido del mundo. "Me siento muy decepcionado, me equivoqué (al elegir a Salinas como sucesor). Pero pues en aquel entonces no tenía yo elementos de juicio sobre la moralidad de los Salinas", le dijo a Carmen Aristegui, a quien de paso le corroboró la conexión de Raúl Salinas con narcotraficantes.

Carlos Salinas se defendió con una carta -para no equivocarse- utilizando una excusa de abogado leguleyo: asegura que Miguel de la Madrid está enfermo, loco pues. De la Madrid sí se escucha con limitaciones físicas, como si estuviera cerca del final de la carretera, pero también se le oye lúcido. Sigue las preguntas de Aristegui sin problema y cuando le parece necesario argumentar lo hace con claridad. Si su mente no da para más, como sugiere Salinas, ¿por qué el discurso no se le va por otro lado y responde que “El Pelón” era un boxeador muy malo o que los Salinas de Gortari eran una compañía circense interesantísima? Que tampoco estaría mintiendo, claro está.

La declaración de Miguel de la Madrid -aun cuando después haya firmado una carta donde aparentemente se retracta- debería ser suficiente para, por lo menos, iniciar una investigación seria sobre los bienes y los ingresos de Carlos Salinas y su pariente conocido como "el hermano 10 por ciento". Y de comprobarse los dichos de De la Madrid, se debe encerrar a los Salinas en alguna cárcel de alta seguridad y obligarlos a devolver lo que se hayan llevado, porque no les pertenecería a ellos, sino a los habitantes de México.

Un amigo me comentó que hace unos meses tuvo la oportunidad -¿o la desgracia?- de cenar codo a codo con Carlos Salinas. ¿Y qué te pareció? Es muy inteligente, pero más que eso, es un manipulador, me respondió. No lo dudo ni un segundo. El político mexicano es ventajoso e inmoral. Y no es que generalice, me refiero a un solo tipo de político mexicano, el cual parece tener la capacidad de habitar en las cabezas de la mayoría de nuestros gobernantes. El mismo tipo de político que es Carlos Salinas de Gortari, que deseaba dirigir México no para servir al país, sino para hacerse millonario.



Foto de Fabrizio León Diez/La Jornada. Carlos Salinas de Gortari dando la espalda.