viernes, junio 18, 2010

Me quedé sin habla

Ni el rumor de los autos que no cesa, ni la euforia que andaba sobre Insurgentes cantando una victoria que al final no es nuestra, ni una catástrofe ambiental, ni las injusticias vueltas ley en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) me quitaron el habla como me la quitó enterarme de la muerte de José Saramago.

Qué superfluo, me dirán algunos, pero lo cierto es que me quedé sin habla porque ese hombre, portugués, fue capaz de explorar visiones literarias que muy pocos se habían atrevido siquiera a asomar. Sus diálogos sin puntos y aparte, sin comillas, donde la jefa es la coma, su jugueteo con lo que implica una letra más y otra menos.

Ahí está, es público, Saramago es un grande, uno de esos raros que en 300 años seguirán vivos, uno de los que gozan el privilegio de convertirse en inmortales gracias a sus palabras -aunque seguramente él me diría que no, que todas las personas, toda la humanidad, somos nada comparados con lo que existe más allá de nuestro egocentrismo, ahí está la muerte como prueba-.

Es una pena que ya nunca más se firmarán libros de ese calibre en Lanzarote. Vaya Saramago, vaya en paz, que hiciste más magia de la que te correspondía.


Foto: José de Sousa Saramago murió en su casa de Lanzarote a los 87 años de edad.

lunes, mayo 31, 2010

Falta el segundo round

Uno de mis mejores amigos, colombiano, antioqueño de nacimiento, me platicó hace años su primera experiencia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los grupos paramilitares creados para combatir a los rebeldes.

Era un niño, acababa de terminar de jugar -no recuerdo qué, quizá no me lo dijo-, uno de sus amigos y él se sentaron en la banqueta, a descansar y platicar, coincidentemente ambos tenían la mirada clavada en el asfalto. Entonces escucharon algo cercano a una pelea, mi amigo se irguió para alcanzar a ver qué sucedía. Justo al levantar su cabeza se escuchó un tiro. Volteó y encontró a su amigo con el cuerpo tendido en el piso que antes miraba, le pegaron justo en la sien. Lo mataron y no hubo culpables, no hubo justicia institucional. Sólo un niño muerto.

La curiosidad salvó a mi amigo, quien me dejó saber cuánto han sufrido en Colombia por las FARC, sus crímenes y sus “vacunas”. Por su calidez humana siempre he querido para los colombianos lo mismo que quiero para los mexicanos. Y a mí me gustaría que en México tuviéramos un Presidente comprometido con un cambio social a través de la educación.

Esa oportunidad la tienen en Colombia en este momento, Antanas Mockus, quien aspira a suceder a Álvaro Uribe en la Presidencia colombiana, es un hombre que siendo alcalde de Bogotá logró transformar la manera en que los habitantes de esa capital interactúan. Mockus representa la posibilidad de un gobierno con un enfoque centrado en la rehabilitación social mediante estrategias pedagógicas, lo cual puede erradicar en el largo plazo a la guerrilla y a los paramilitares.

Sin embargo, en las elecciones de ayer perdió -y por más de 20 puntos- ante el candidato que hace no mucho fue ministro de Defensa de Uribe, Juan Manuel Santos. Lo cual significa que en Colombia ganó el miedo: el miedo a las FARC, el miedo a Hugo Chávez, el miedo a un gobernante con principios de Parkinson.

Seguramente a mi amigo no le parecerá bien mi apoyo a Mockus -no pasa nada, parce, al fin que yo no voto-. Pero es imposible no señalar que una vez más los militares derrotaron a la esperanza de tener pueblos mejor educados, más humanos. Aun así esto no ha terminado, el 20 de junio se verá, cuando venga el segundo round…


Foto: Un mimo señala a un conductor que está obstruyendo el paso peatonal. Esta política fue adoptada por Mockus durante sus gestiones como alcalde de Bogotá.

miércoles, abril 07, 2010

Días de locura

Toda persona, toda institución, todo ente que figure en la vida de alguien, tiene días en los que pierde la razón. El problema es que ya llevamos un par de semanas desde que periodistas, directivos de medios de comunicación y autoridades judiciales entraron en un estado de locura grupal.

Periódicos, televisoras y radiodifusoras derrochan espacios, recursos humanos y materiales para contar los pormenores de la historia de una niña que primero desapareció, y luego “apareció”, pero muerta en su casa y se sospecha de los padres. El hecho es trágico, sí, pero no más que las decenas de asesinatos que suceden a diario en todo el país.

El origen de este fenómeno mediático está en los actores relacionados con el acontecimiento, quienes están dispuestos a contar con lágrimas inexistentes hasta de qué lado de la cama dormía quién. La idea errónea que tienen los padres de la niña sobre la función de los medios de comunicación es la que los invita a llevar su proceso judicial y personal a los noticieros que ellos tienen por más vistos.

Los medios periodísticos que creen firmemente en un tratamiento de la información equiparable a un reality show también son responsables de los días de insania que vivimos. A varios de ellos, desde el punto de vista judicial, se les podría presumir de responsables o copartícipes en el supuesto asesinato de la niña; por mencionar un ejemplo, a quienes reportearon desde el cuarto donde a la postre se encontró el cuerpo sin vida.

Y si a este amasijo le añadimos un Procurador de justicia cuyo criterio le dicta que lo mejor es hacer su investigación desde foros televisivos y cabinas radiofónicas, nos resulta una sociedad confundida, sin esperanza de tener algún día un sistema judicial decente. Al llevar el proceso a la televisión, el procurador mexiquense, Alberto Bazbaz -o el procurador “Babas”, como se le conoce ya- renunció a su cargo y se lo entregó a la sociedad, cuyos miembros ahora deciden, un día sí y un día no, quién es culpable según su canal informativo de preferencia.

Nada está en su lugar: ni medios, ni sociedad, ni indiciados, ni sistema judicial. Esos son los días de locura que vivimos.



Ya entrados...
...en cuestiones de la mente, Julio Scherer publicó el pasado domingo en la portada de Proceso su foto con Ismael “El Mayo” Zambada -la cual le tomaron después de una entrevista-. Algunos colegas le llaman loco, otros, los que admiramos al periodista, esperamos que haya algo más de fondo, porque lo que publicó de su plática con uno de los capos más poderosos del mundo, quedó a deber.
En la foto, el procurador de Justicia del estado de México, Alberto Bazbaz.