jueves, julio 23, 2009

El peatón

Uno de los poemas que escribió Jaime Sabines lleva por título El peatón, en él señalaba con humildad que prefería ser considerado un peatón cualquiera que un poeta. “En la calle nadie, y en la casa menos, nadie se da cuenta de que es un poeta”. Quizá prefería esa clasificación porque él era chiapaneco, en la ciudad de México los peatones tampoco existen. La capital mexicana no está hecha para personas, sino para unos seres inanimados que nos han conquistado y se hacen llamar “automóviles”.

En la poesía que hace la vida real, en México, se escribe segundo a segundo que el peatón debe apenarse por hacer que un carro se detenga, se dan las gracias en repetidas ocasiones cuando sucede ese milagro y hasta se dan pasitos cortos y rápidos para dejarle ver al amable conductor que se está inmensamente agradecido y no se desean causar más molestias. De no producirse este ritual el personaje que maneja el carro puede espetar un cálido “¡Si quieres pásate hincadooo!”.

Casi no existen los semáforos para viandantes y, donde los hay, tampoco existen. Es una de esas paradojas propias de la poesía más cruda y agresiva. Jaime Sabines fue quizá el más grande poeta que haya dado México, pero la poesía que sigue haciendo ya muerto me intriga: ¿Si en el Distrito Federal no existen los peatones, para esta ciudad Jaime Sabines jamás existió? Espero que no sea el caso.

De cualquier modo tengo confianza en que un buen día los que caminan dejarán de ser objetos ornamentales del ambiente urbano y serán considerados personas. “Eso es, dice Jaime, no soy un poeta, soy un peatón”, y esta vez me quedo echado en la cama, con una alegría dulce y tranquila.


Foto de Ricardo Carreón. Peatones cruzando la Avenida Reforma en la ciudad de México. Tomada de Flickr.

jueves, julio 09, 2009

Mi amiga China

“No, créeme, mi ciudad está muy cerca del Tíbet y yo te puedo decir que los tibetanos son gente muy violenta”, me dijo mi amiga china. “¿Segura? Porque en todo el mundo se tiene la percepción de que el agresivo es el gobierno chino”, la cuestioné sin sacarla de su primera posición.

“Lo que pasa es que les lavan el cerebro, el gobierno chino bloquea páginas de Internet, canales de televisión y todo tipo de mensajes que pudieran dañar la imagen de china”, me comenta otra amiga asiática. Pero no les importa qué se diga afuera, lo que les preocupa es cómo perciben los chinos a China, no más.

Y adentro, los más de dos millones de soldados chinos reprimen manifestaciones, no con toletes que dejan la piel morada por unos días, sino con bayonetas que dividen a una persona en dos. Lo acaban de hacer con la minoría Uighur matando cientos de personas, y lo harán otra vez sin dudarlo y sin dejo de remordimiento posterior. Y su gente, al estilo terrorífico de los Estados Unidos, cree firmemente que su gobierno actúa para defenderlos. ¿Qué pasará cuando China sea más poderosa que Estados Unidos y esté en posición de invadir tantos países como les plazca?

“¿Y estás consciente de que China será el próximo imperio del mundo?”, le pregunto a mi amiga china. Sí, responde. “Bueno, pues sólo espero que no sean peor que los Estados Unidos”. Y mi amiga china sonrió, sin decir palabra.



Foto de DPA. Una mujer uighur protesta por el arresto de su esposo y otros cerca de mil 400 hombres pertenecientes a la misma minoría étnica.

jueves, junio 18, 2009

No ha llegado el día

El hombre, de casi 60 años de edad, toda su vida ha sido una persona responsable en términos políticos. En todas y cada una de las elecciones que le han concernido ha ido a votar por uno o por otro; siempre, con la esperanza de que algún día llegaría al gobierno gente honesta y comprometida con la sociedad.

Esta vez también voy a votar, me platica mi amigo. Pero voy a anular mi voto, con una cruz que atraviese de lado a lado la boleta electoral para que vean los desgraciados, sigue diciendo entusiasmado. Me detalla que ya ni en la autoridad electoral confía. Que todos son unos idiotas.

Habría que preguntarle a los políticos mexicanos cuál es su estrategia para ser tan impopulares. La gente por lo general trabaja para mejorar su situación, cualquiera que ésta sea, pero la clase política en México es hábil para hacerse odiar, les sale natural. Es más, si lo planearan no les saldría tan bien.

Muchos critican el voto en blanco, dicen que es irresponsable y hasta cobarde –algún interés personal tendrán quienes no respetan las decisiones de los demás-, pero la verdad es que cualquier gobierno que le quita la esperanza a la gente merece la ilegitimidad. A poco más de dos semanas de las elecciones, sí, que se vayan todos. Sí, que se vote en blanco. ¿Por qué? Porque no ha llegado el día en que los políticos mexicanos comiencen a trabajar por la gente.



Foto de Reuters. "Marcha blanca" contra la violencia en México realizada el 30 de agosto de 2008, el Zócalo del Distrito Federal en la imagen.